martes, 12 de enero de 2016

Érase una vez...

    Érase una vez EL MIEDO que llegó a un apacible pueblo. Observó desde una colina todo lo que desde allí de divisaba.
Campos con ganado pastando, el herrero trabajando en su herrería, el panadero en su panadería, el comerciante en su pequeña tienda, los ganaderos y agricultores labrando, cosechando y dando de comer a los animales. La pequeña fundición exhalando humo por la chimenea y sus trabajadores forjando el hierro para hacer útiles de trabajo y armas para defenderse de los invasores.
EL MIEDO observaba a todos ellos y sonreía malintencionadamente. Aquel día bajó al pueblo para darles un comunicado. La plaza no era demasiado grande pero lo suficiente como para albergar a casi todos. Una vez allí, habló:
— Escuchadme bien. He venido para quedarme entre vosotros. —dijo sin ningún reparo.
— ¿Qué es lo que quieres? —contestó EL VALIENTE del pueblo.
— Quiero quedarme entre vosotros y adueñarme de vuestra voluntad. —aludió con convicción.
— Y, ¿por qué quieres hacer eso? —volvió a responder EL VALIENTE empuñando su espada.
— Porque debe ser así. Porque yo me alimento de LA IGNORANCIA, LA ENVIDIA y LA AMBICIÓN. —respondió ésta sonriendo.
— Y ¿qué te hace pensar que aquí encontrarás todos esos defectos.
— Porque sois humanos y todos tenéis un precio. —terminó de sonreír EL MIEDO.
— ¡¿En nombre de quién vienes a reclamar esos dominios!? —se atrevió a preguntar el joven VALIENTE.
— En nombre de EL DINERO y LA CODICIA.
    El joven VALIENTE se quedó callado unos segundos mirando a EL MIEDO fijamente. Después, sin apartar su mano de la espada que enfundaba se volvió hacia EL PUEBLO allí reunido. Todos callaban.     Los observó y declamó unas palabras:
—¡Amigos todos! Somos un pueblo unido que vive en paz los unos con los otros. Cada uno tiene lo que necesita y lo que necesita, lo tiene. Todos nos ayudamos. Siempre estamos ahí para lo que nos haga falta. Pero somos humanos y como tales tenemos debilidades. Solo si dejamos que EL MIEDO habite entre nosotros, podrá alimentar a sus amigos LA IGNORANCIA, LA ENVIDIA y LA AMBICIÓN. Si dejamos que se adueñe de nuestras vidas alimentaremos a su jefe EL DINERO, y dependeremos de él haciendo que LA ENVIDIA y LA AMBICIÓN adquieran las fuerzas necesarias para destruirnos como PERSONAS y como PUEBLO. Así que, entre TODOS hagamos que se vaya por donde ha venido y que jamás vuelva para sembrar MIEDO, ENVIDIAS y CODICIAS innecesarias. Y que podamos seguir como hasta ahora, en paz y armonía con la LIBERTAD de trabajar y vivir sin necesidad de perjudicar a nuestro vecino.
    EL MIEDO dio media vuelta, derrotado. Se dio cuenta de que había fracasado en su intento de anidar en aquel pueblo. Un pueblo FUERTE y UNIDO, donde la inmundicia no tenía cabida entre sus gentes. Donde cada PERSONA, cada VECINO, cada UNIDAD era un complemento de los otros. Donde TODOS se apoyaban entre sí.


    Debemos entender que el dinero es necesario pero solo hasta cierto punto. No debemos claudicar a sus debilidades permitiendo que nos despoje de toda honra, honor y dignidad. Si lo permitimos seremos sus esclavos para siempre.

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