domingo, 30 de diciembre de 2018

OPINIÓN DE UN LECTOR EMPEDERNIDO.


Leyendo El Legado del Mal enseguida se nota el gran trabajo de documentación que ha hecho el autor Carlos Dosel; ya no sólo en los marcos históricos de la década de los 40 y  de los 70, sino también en el marco social y político. Nostálgicas referencias a los vehículos de la época de los 70 mezcladas con descripciones  sublimes,  que me llevan a composiciones mentales a modo de fotograma de película, con todo lujo de detalles sin llegar a ornamentar en exceso hasta la saturación; además de un cuidado lenguaje exquisito, en el que no  sobra ni  falta una coma.
El ritmo narrativo es perfecto,  "in crescendo", conforme  va colocando las piezas sobre el tablero, dando pistas a modo de pincelada sobre el antagonista. Deja un buen detalle sobre los cómics, un guiño muy especial.
Ambas historias, tanto la investigación de Manzano como la de Cristina y sus rutinas, funcionan y se complementan. El desenlace es como una espiral que acelera conforme te acercas al centro, sobre todo en ese punto ya es cuando la novela te atrapa y no te suelta.
La referencia a la corrupción y el personaje de Julián es apoteósico. En una palabra: Perfecto.
Los personajes están perfectamente trazados, hace una distinción clara entre buenos y malos y los secundarios Vero y Julián, hacen mejores a los protagonistas y se complementan extraordinariamente. Cada uno tiene sus grandes momentos en la trama.
Conclusión, historia, descripciones, lenguaje narrativo y psicología de personajes, más que excelente para ser la primera novela de Carlos Dosel.
Sólo queda esperar que el Inspector Javier Manzano resuelva más crímenes y nos dé más horas de buena lectura.
Juan Manuel Cegarra Pedreño

¿QUIÉN ES CARLOS DOSEL?
Carlos dosel (Cartagena 1970). Su vida transcurre entre la escritura y su trabajo como profesional de la Seguridad Privada.
Apasionante del género negro, ya desde muy pequeño, tenía claro ser escritor. Ha obtenido varios reconocimientos por sus historias y artículos en su blog DOSELADAS.
Su amor y pasión por las letras le lleva a escribir novelas tales como El Legado del Mal, su ópera prima y Sombras en el Faro. Tramas bien urdidas en ambientes históricos excelentemente desarrollados. El resultado de estas obras le ha granjeado un buen número de seguidores, consiguiendo el respaldo de muy buenos lectores.
Carlos Dosel promete volver con más trepidantes relatos en próximos títulos.
TWEETER, FACEBOOK: Carlos Dosel, @elrincondecarlosdosel, INSTAGRAM

martes, 4 de septiembre de 2018

NOVELA NEGRA EN CARTAGENA

A partir de mañana, los apasionados de la novela negra, comenzaremos a disfrutar de ciertos eventos, en la IV Jornada de Cartagena Negra, de la mano de un buen equipo: Paco Marín, Antonio Parra, Manuel Acosta, Aniceto Valverde, Ana Ballabriga y Salvador Martínez.

Un evento que está dando mucho de qué hablar. El año pasado, este humilde escritor que ahora escribe estas líneas, tuvo el placer de haber sido invitado a estas jornadas, de la mano de Paco Marín y Antonio Parra. Espero que siga manteniendo este gran éxito, año tras año.

Desde mañana y hasta el sábado, contaremos con la presencia de grandes autores, tanto de la región como de otros lugares del país. Contaremos con la presencia de Lorenzo Silva, que será entrevistado por el escritor y profesor de Filología Hispánica Antonio Parra. Todo un lujo para nuestros sentidos.

Durante las jornadas, contaremos también con grandes escritores como Antonio Ruiz Munuera, David Jiménez "El Tito", Jesús Zaplana, Ana Ballabriga, Clara Peñalver, Graciella Moreno y el propio Antonio Parra Sanz.
Todo ello aderezado con un gran monólogo negro, de la mano de nuestro autor de la tierra Víctor Mirete.
Esto y mucho más nos espera estos días, para todos los que disfrutamos de la buena lectura negra y policíaca.
La emoción y la tensión, están servidos.

viernes, 11 de agosto de 2017

La mujer de la piscina

Era increíble cómo se movía por el agua. Parecía una extensión más de sus preciosas piernas. Acariciaba la superficie con movimientos delicados y acompasados.Como un vals sonando en un auditorio acuático, con un ritmo de tres por cuatro. Y en agradecimiento, el agua la transportaba por entre los pequeños oleajes, que se arremolinaban alrededor de su delicado, esbelto y majestuoso cuerpo, flotando entre  acordes transparentes de un lado a otro, con una dulzura extrema y perfecta.

domingo, 30 de abril de 2017

FRASES QUE ME INSPIRARON (PARTE II)

EL TIEMPO ENTRE COSTURAS –MARIA DUEÑAS-

“Bajo el tono de su voz hasta convertirlo casi en un susurro. Incluso así, transmitía un incuestionable tono de determinación.”
“…removimos el azúcar a la vez haciendo chocar las cucharillas contra la porcelana de las tazas a ritmo acompasado.”
“Las frases salieron con voz rota, a trompicones.”
“…con todo y con eso.”
“En mi mente se cruzaban/se cruzaron ráfagas veloces de pensamientos contrapuestos.”
“El bullicio y los constantes quiebros para superar los obstáculo impidieron cualquier conversación.”
“…gafas de montura redonda, dos círculos perfectos tras los cuales se vislumbraron un par de ojos inteligentes.”
“Tuve su rostro prácticamente pegado al mío, nuestros dedos habían rozado, su voz, su voz sonó en mi oído con una cercanía que casi había rayado en la intimidad.”
“Abrí la ventana y por ella entró la noche de Madrid, con olor a…”
-Respondió vagamente.
“Decenas de brazos se alzaron de inmediato como movidos por un resorte.”
“Se instaló en nosotros un silencio triste.”
-Preguntó mientras encendía un cigarrillo.”
“Nos mantuvo vinculados/as con un hilo invisible.”
“…les lancé una catarata de preguntas.” Dije al despegar la copa de mis labios.
“Intentaba que nuestra conversación no se oyera tras la cortina.”
“Sólo se oía el ruido de la aguja arañando la pizarra del disco.”
“Entre whiskey y ginebra, en mi cerebro chapoteaban todas aquellas ideas.”
“Los números de mi reloj parecían derretirse ante mis ojos.”
“La estancia se llenó de pronto de luz y yo me cubrí la cabeza con la almohada.”
“El miedo no quiso quedarse, se vino conmigo.”
“Caminaba seguro, sosteniendo un maletín de piel negra en la mano izquierda.”
“Me sentía incapaz de enfrentarme por mí misma a una realidad desconocida.”
-Ve abriendo la puerta, que allí estoy en un verbo.”
“Con los dedos de una mano inició un tamborileo rítmico sobre la mesa.”
“Me acompañó para hacer de paraguas frente a las babas calenturientas de sus subordinados.”
“Me miró fijamente durante unos segundos eternos.”
“…el apunte de una sonrisa en un lado de su boca.”
“La espada de Damocles pende sobre su cabeza.”
“…volví a sonreír con la boca cerrada, apenas tensando una de las comisuras.”
“…dijo con una sonrisa cargada de tristeza.”
“Lanzó la colilla al suelo mientras remataba con la suela del zapato.”
“…la iglesia entera volvió a sentarse entre ruidos de ropa, suspiros y crujidos de madera vieja.”
“Sentí que el suelo se movía blando bajo mis pies.”
-Tenga cuidado con las presencias sospechosas a su alrededor, especialmente en las cercanías de su domicilio: No descarte la posibilidad de que la tengan vigilada.”
“Apretaba el paso con firmeza.”
“Dijo tras expulsar el humo de la primera calada.”
“Dijo mi anfitrión una vez que las copas estaban llenas.”
“Repliqué, llevándome la mía (la copa) a mis labios.”
“Dijo con un punto de ironía.”
“Nos mantuvimos alumbradas tan solo por la luz tenue de una pantalla de lámpara de mesilla.”

FRASES COMPARATIVAS
“La conversación saltaba de una lengua a otra como quien cambia un pañuelo de mano.”
Saludaban con besos volátiles.”
“Recogió el testigo de la conversación.”
“Me sentía incómodo, fuera de lugar, como si me colara en una fiesta a la que nadie me hubiese invitado.”
“Como una estatua de mármol, como un fusilado sin rematar.”
“Resolvió liarse como un turbante moruno, la manta a la cabeza.”
“Mi voz sonó como salida de una caverna.”
“Una carcajada tan fría como unas tijeras rasgó la sala de parte a parte.”
“…como un paraguas negro que puede tapar cualquier cosa.”
“La luz parecía derretirse sobre las piedras.”
“Las conspiraciones se multiplicaban como los panes y los peces.”
“…el cigarrillo se le iba consumiendo entre los dedos mientras la ceniza formaba algo parecido a un gusano de seda.”
“Susurró. La voz pareció salirle rota de la garganta, cargada de desconcierto e incredulidad.
“Como azúcar en el agua, mis palabras se diluyeron en algún lugar incierto del cerebro.”
“…Agarrándome a la baranda como a un salvavidas en una noche de tempestad.”
“…Con las piernas cruzadas en indolente desidia.”
“…Movida por una fuerza ajena que impulsaba mis piernas como si pertenecieran a un cuerpo que no era el mío.”

DESCRIPCIÓN DE UN DESAYUNO
“Zumo de naranja, trino de pájaros, pan blanco con mantequilla, la sombra fresca de un toldo, bizcochos de espuma y un café glorioso.”

DESCRIPCIÓN DE UN PERSONAJE
“Resultó ser un hombre de pelo y uniforme gris, con un mostacho poderoso y los sesenta años sobrepasados al menos una década atrás.”
EXPRESIONES
“Masticando datos.”

lunes, 17 de abril de 2017

FRASES QUE ME INSPIRARON (PARTE I).

LA NAVAJA DE OCKAM     -HENRI LOEVENBRUCK-

“Su escaso pelo, canoso, largo, graso y mal cortado, caía acá y allá en su cara.”
“Con la mano temblando abrió la puerta del piso.”
“Tenía los ojos de un color turquesa y un cabello largo y rubio, casi blanco, los rasgos finos, la piel clara y su boca sin nada de maquillaje, como la de una niña.”
“…como despertador por el vivo dolor en su hombro, giró y evitó el golpe fatídico.”
“Su fino pelo blanco se erizaba, despeinado en su viejo cráneo con calvicie.”
“Penetraron en el pasillo uno detrás del otro y se pegaron a las paredes a un lado  y otro de la puerta.”
“La negra noche de enero y arropaba la capital.”
“Su cuerpo esquelético flotaba en una camisa amplia de color marrón y un pantalón de lino usado.”
“Los neumáticos emitieron un ruido estridente sobre el asfalto liso.”
“La calle, ante ellos, giraba a la izquierda/derecha.”
“El vehículo dio un tornillazo en el baile de la nieve.”
“Aguantó unas lágrimas de alivio esta vez que subían hasta sus párpados.”
“…Enunció entonces la evidencia de una simplicidad glacial.”
“El viento malicioso del mar, se metía en las calles…”
“Alto, delgado, un poco torpe,…con su pelo.”
“Rubio, pelo muy corto, los ojos azules, la nariz larga, estrecha y picuda, los rasgos finos…tenía la voz aguda, la piel clara y las mejillas rosadas de un adolescente.”
“…Pedacitos de piedra saltaron en el muro detrás de ellos.”
“Fragmentos de cristal volaron en el centro del parabrisas y el coche dio un bandazo en mitad del camino de grava.”
“Se quitó el sombrero  lo dejó con negligencia en el taburete situado enfrente de la entrada del salón.”
“El docente se puso las gafas y se inclinó encima de los recuadros para examinarlos de uno en uno.”

“Los pasos del fulano se acercaron y su larga sombra, proyectada por la luz de una farola, se dibujó en el asfalto.”

domingo, 9 de abril de 2017

MI QUERIDA CARTAGENA.

Cartagena milenaria,
la Historia te engalana,
tu belleza extraordinaria,
deslumbra a toda España.

Orgullo de muchos,
pasión de todos,
conviertes miserias en riquezas,
soportas nuestras vidas,
llantos y tristezas,
por esquinas y recodos.

Te postras en Semana Santa,
ante el Altísimo Jesús nuestro Señor,
con humildad y elegancia,
sustentas las penurias y el dolor.

Nos recuerdas la importancia,
con tus tronos en las calles,
Su gran AMOR  reflejado,
entre adornos florales.

Tú, que albergaste con los años,
Culturas, imperios, militares,
Pobres, ricos, seglares,
en el redil de tu rebaño.

 Mi querida Cartagena,
mi Cartagena querida,
Por ti mi vida en batallas ajenas,
Con gusto y orgullo perdiera la vida,

© 2017 Carlos Dosel

viernes, 31 de marzo de 2017

INCONEXO

—Debería haber hecho caso a mi esposa, o ¿tal vez no? Ella siempre tiene razón. Siempre está diciéndome lo que debo o no debo hacer. ¡Déjame en paz, bruja! —le digo. —Estoy harto de ella. Siempre lo mismo. Todos los días la misma cantinela. Me recuerda aquélla película, ¿cómo se llamaba? ¡Sí, joder! Esa en que el protagonista se levantaba una y otra vez en el mismo día. ¡Lo tengo en la punta de la lengua, coño! ¿Cómo era? ¡Ah!, sí: Atrapado en el tiempo. Eso es (sonríe). Eso es lo que parece mi vida. Día tras día, siempre lo mismo. Atrapado en el mismo momento una y otra vez. Es insoportable. ¡Dios!, no la soporto. Cómete la comida, tómate la pastilla por tu bien. Ya sabes que no debes dejar de tomarla. No hables que haces el ridículo delante de la gente. Cállate, no ves que no sabes lo que dices. Si no entiendes para qué dices nada. Eres un inútil, te haces mayor. Ya no aguanto más esta situación. Lo mejor sería quitarla de en medio. Un golpe certero y ya está. Todo acabaría por fin. Sería libre. Libre para hacer lo que quisiera. Ya no oiría su voz nunca más. Mi vida sería distinta. Comenzaría de nuevo. En otra parte. Quizá iría al norte, donde crecí y viví. Visitaría a mi madre. Su tumba. Sí. Ella sí fue una buena mujer. Sabía tratarme. Nunca me decía lo que tenía que hacer. Fue la única que comprendió lo de nuestro perro. Un día paseando por los alrededores, buscándolo, lo encontré colgado de un árbol, con el vientre abierto y la lengua fuera. Estaba seguro de que fue aquel niño de la casa de al lado. Mi vecino Pedro. Ese hijo de puta le gustaba meterse con él. Pero Lucio no le hacía caso, le ladraba. Le enseñaba los dientes para hacerle saber que no era bien recibido. Nunca me gustó aquel chaval. Todos dijeron que había sido yo. Esos desgraciados decían que yo maté a mi perro. Primero le saqué las entrañas y luego lo colgué de aquel maldito árbol. Todos estaban convencidos de ello. Y todo porque Pedro dijo que me había visto hacerlo. Aquel desgraciado hijo de puta juró y perjuró que había sido yo. Mi madre fue la única que me defendió. La única mujer en mi vida que sabía cómo tratarme. Darme el cariño que necesitaba.
Después de su extraña muerte, me quedé solo con mi hermana. No quería saber nada de mí. Decía que era un enfermo. Ella sí que lo estaba. Ahora, casado con Andrea, mi vida no ha cambiado a mejor. Al principio era buena conmigo. Me quería y yo a ella. Hasta que cambió por completo. Lo controlaba todo. Se hizo con el control de mi vida. Cree que estoy loco, que no valgo para nada. Me gustaría hacerle comprender que soy tan humano como ella. Siento deseos de matarla.
A veces, sueño que estoy en un lugar abierto, en un salón lleno de gente, con ella. Estamos uno frente al otro. Sonreímos mutuamente. Pero al rato, me doy cuenta de que no tengo brazos, ni piernas. Estoy sentado en una silla de hierro forrada de espuma. Dejo de sonreír. Ella me sigue sonriendo y tiene una cuchara en la mano. Me está dando de comer. Pero yo no quiero. No quiero comer. Me resisto a ello. Cierro mi boca y ella intenta meterme la cuchara dentro. Me hace sangre en los labios. Ella se ríe más y más. Muevo la cabeza de un lado a otro, negándome, resistiéndome. Pero no consigo librarme de ella. Entonces, la gente deja de hablar para fijarse en nosotros, en mí, particularmente. Murmuran entre ellos sin quitarme la vista de encima. De repente, caigo de la silla al suelo. Pero no me hago daño. No siento nada. El suelo es acolchado también, igual que la silla. La gente se acerca a mí y me mira. Sus caras lo dicen todo. Están preocupados por mí. Sienten lástima de mí. Yo no quiero que se sientan así. Entonces, comienzo a llorar. Y les odio. Quiero matarles, matarles a todos. Son crueles conmigo. Miro a mi esposa y consigo levantar un cuchillo con solo pensar en ello. El cuchillo obedece mis órdenes. Mi deseo es dirigirlo hacia ella, hacia su cuello. Entonces, le atravieso el cuello con él, una y otra vez. Después, la apuñalo en el pecho, repetidas veces. Ella comienza a llorar pero, no son lágrimas lo que salen de sus ojos. Es sangre. Una sangre oscura y espesa que se vierte y derrama por sus mejillas, cayendo al suelo, blanco como nubes de algodón tiñéndolo todo a su paso.
De repente, todo se silencia. Me encuentro despierto de ese extraño sueño. No sé lo que significa. Ahora, abro los ojos y me encuentro en una habitación blanca. Miro a mí alrededor. Parece una habitación de hospital. Sí, eso es. Es una habitación de hospital. Estoy tranquilo. Pero, ¿qué hago aquí? ¡Dios mío!, estoy sujeto a la cama, con unas correas de cuero. No puedo moverme. No entiendo lo que pasa. Viene alguien. Lleva una bata blanca. Se acerca y me sonríe. Otro más se acerca a su lado. Los dos me están mirando. Ahora se miran entre ellos.
            — ¿Qué le parece, doctor Jiménez? ¿Cree que reaccionará a la medicación?
            —Espero que sí. Parece tranquilo ahora.
            —Entonces, ¿hago que le quiten las correas?
            —No. Es muy pronto para decidir eso. Será mejor tenerlo veinticuatro horas más en observación. Tenga en cuenta que este hombre dejó de medicarse y por eso ha sufrido el brote psicótico,  matando a su esposa de una forma brutal. Es conveniente que siga amarrado por su seguridad y la nuestra. Le hemos cambiado la medicación. Esperemos que pronto pueda volver a la normalidad.
            —Por cierto, la policía está en camino. Tengo entendido que, se quedará uno de guardia hasta que puedan llevárselo.
            — ¡Dios mío, qué he hecho! —Susurra con lágrimas en los ojos.

@ Carlos Dosel, 2015